ALIMENTACIÓN EQUILIBRADA EN PACIENTES ONCOLÓGICOS

En general la nutrición del paciente oncológico sigue las mismas normas que para el resto de la población. Existen individualidades referentes a los pacientes con dificultades deglutorias provocadas por un tumor digestivo o por los efectos secundarios de los tratamientos (quimioterapia o radioterapia) y requieren medidas especiales que no podemos concretar en esta sección. Vamos a ocuparnos de aportar unas sencillas normas para que la alimentación de nuestros pacientes sea lo más correcta posible:

Las normas básicas para la alimentación del paciente oncológico, no difieren de las recomendaciones nutricionales recomendadas al resto de la población. Algunas de estas indicaciones, ya habituales en numerosas publicaciones de salud y disponibles de forma extensa en el Plan para la Promoción de la Actividad Física y la Alimentación Equilibrada (PAFAE) de la Consejería de Salud de la junta de Andalucía.

La alimentación debe ser equilibrada y en cuantía apropiada; sin necesidad de sobrealimentación ni de regímenes severos que pudieran provocar deficiencias inmunitarias y vitamínicas. Manteniendo así un peso equilibrado; para ello es importante calcular el Indice de Masa Corporal(IMC= Peso Kg/ Talla m2) debe estar entre 18-25 (por encima de 25 es sobrepeso y por encima de 30 es obesidad) .

Tampoco se recomiendan las dietas desequilibradas tan difundidas en la actualidad (vegetariana, Duncan, alcalina, etc)  ya que lo único que consiguen son alteraciones metabólicas que en algunos casos pueden ser graves

RECOMENDACIONES

Las principales recomendaciones son:

  • Evitar comidas copiosas repartiendo el día en 4-5 comidas. Entre el 35-40% de calorías deben ingerirse en las dos primeras comidas (desayuno y media mañana) de tal forma que el resto debe repartirse entre el almuerzo, merienda y cena que por tanto deberían ser tomas menores.
  • Basar la dieta en los Hidratos de Carbono seguido de las proteínas. Las grasas deben suponer menos del 30 % del total de calorías ingeridas, con menos del 10% de grasas animales (saturadas).
  • Consumir gran variedad de frutas y verduras  a diario.
  • Consumir legumbres y cereales varias veces a la semana.
  • Consumir de forma habitual leche y derivados.
  • Evitar el uso de suplementos dietéticos y dulces.
  • Limitar el uso de sal y nitritos (sazonados) en los alimentos.
  • Moderar el consumo de alcohol.

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